Argentina: País bananero

LOS TORITOS 0-2 Bananas en Pijamas

El sábado se dio un suceso bastante particular al comenzar el partido que enfrentaba a los Toritos contra Bananas. Salieron a la cancha ambos equipos como fingiendo una presentación mundialista aunque por delante había realidades distintas. Un equipo con expectativas de clasificar y conseguir pasar la segunda ronda. El otro con chances casi nulas, buscando un segundo aire, algo de que vivir, algo a que aferrarse para reencontrar su juego. Se alinearon en filas los equipos para encaminarse hacia el campo de juego y el árbitro por delante avanzó directo a la pelota. La redonda esperaba sobre una mesa, haciendo las veces de modelo gráfico. Fue tomada en manos del juez, y el ritual continuó con los equipos saludándose previamente a ocupar posiciones en el césped sintético. Para los Toritos, este acto circense, fue lo único que diferenció al match que se iba a jugar del anterior, disputado hace unas semanas atrás.

 Si bien, el equipo no jugó mal, la derrota se repitió, las ausencias de jugadores también y el sentimiento de vacío fue idéntico, con el agravante de que en esta oportunidad se ejecutó la sentencia. Crónica de una suerte anunciada. ¿Cuáles eran las causas que hacían prever esta consecuencia? Queda claro que el juego del equipo cambió, el desorden por momentos fue mucho más que demasiado y el lugar dónde se hacía fuerte el grupo, la solidez defensiva, fue abandonado. Se alejó del camino que lo había llevado tan lejos, se extravió en algún atajo y después de una serie de resultados negativos la confianza del conjunto mermó. Todo lo que se puede alegar respecto a las derrotas hilvanadas y la transformación que sufrieron los toritos tiene que ver con el orden. Tan simple como eso. Dentro y fuera de la cancha. A nivel futbolístico y a nivel humano. Individual y grupalmente. Faltó orden. Quedo demostrado, más allá de las caídas en los últimos dos partidos, que en lo que respecta a lo estrictamente posicional, agrupándose y ocupando los sectores como deben ser ocupados en cancha nada resulta tan difícil. No es lo mismo el 7 a 2 contra Arruinados o, incluso, la victoria 5 a 4 contra LP Ricardo, que el 0-1 enfrentando a Tío FC o el 0-2 del sábado pasado. Los primeros dos partidos, citados anteriormente, son el producto de un desorden territorial y un desacople grupal de grandes magnitudes. Los últimos dos partidos referidos tienen más que ver con lo que pueden hacer los Toritos. Concentrados, dando garantías en la cobertura de espacios y fieles al estilo que los llevó a clasificar a la segunda ronda venciendo a equipos más complicados que contra los que sucumbió en esta serie de partidos. Claro, puede argumentarse que igualmente perdió. Pero estas caídas finales tienen otras causas también.

Además de que el equipo dejó su línea de juego, y tratar de reencontrarla no es igual que mantenerla, también hubo falta de orden en lo concerniente a lo individual. El compromiso, o la carencia del mismo, fue un punto determinante a la hora de revisar los descensos en el rendimiento. El técnico nunca pudo repetir formación. Muchos jugadores que firmaban y confirmaban su presencia no aparecían en la lista al día del match. El juicio personal se transformó en grito desmedido y las críticas entre compañeros se manifestaron de manera exacerbada. Finalmente, el descontrol privó al razonamiento, y primó sobre la tranquilidad (no relajo) necesaria para perseguir un objetivo conjunto. Muchos puntos negativos para revertir una circunstancia tan radical en tan poco tiempo. Si a eso le sumamos, la decadencia física y algunos errores en las actuaciones individuales todo se compila y decanta hacia el mismo punto. Para crecer, primero hay que establecer determinado tipo de orden. La evidencia es la eliminación. Bananas solo puso en su lugar a los toritos: de la puerta para afuera. Porque argentina es país bananero, y lo que necesitan los toros es empezar a observar con más respeto la bandera de Brasil, haciendo foco en aquella leyenda tan real: ORDEM E PROGRESSO.

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